Importancia ecológica de las montañas: celebración este año ADELAIDA CHAVERRI
Por los beneficios que las regiones de montaña dan, y porque -como bien lo afirmó la reciente Conferencia Internacional de las Montañas (Suiza, junio de 2002)- ellas requieren especial atención por estar geográficamente aisladas, enfrentarse a dificultades climáticas y tener ecosistemas frágiles, lo que hace que la producción allí sea más difícil, la Organización de las Naciones Unidas (Onu) escogió el año 2002 como Año Internacional de las Montañas: con el fin de fomentar la conciencia internacional acerca de las montañas, su importancia global, la fragilidad de sus recursos y la necesidad de enfoques sostenibles en su desarrollo; y se encargó a Fao (Organización de N. U. para la Agricultura y la Alimentación) la coordinación de las actividades respectivas, en colaboración con los gobiernos y varias agencias de la Onu: Pnuma (para el Medio Ambiente), Pnud (para el Desarrollo), Unesco (para la Cultura y la Educación) y otras organizaciones gubernamentales o no.
Como preparación del Año de las Montañas, en 2001, en Cusco -Perú-, se realizó el taller internacional “Ecosistemas de montañas: una visión del futuro”, con la asistencia de representantes de 18 países. De ahí emanó la Declaración de Cusco sobre el desarrollo sostenible de las montañas, la cual resalta la importancia de éstas en tres dimensiones interconectadas: ambiente, cultura-sociedad y economía, y aborda los siguientes temas: importancia del ordenamiento territorial en montañas, valoración de los conocimientos culturales y tecnologías tradicionales, manejo integral de cuencas hidrográficas, importancia de los estudios de impacto ambiental en relación con las actividades turísticas y de otra índole, participación de las poblaciones en los procesos de decisión política, apoyo a los programas de educación intercultural y ambiental, uso de energías y tecnologías alternativas limpias para las actividades productivas y mejora de las condiciones de vida de las poblaciones de montaña. Muy específicamente recomienda “fomentar políticas de compensación económica para las poblaciones de montaña por los servicios que prestan para el desarrollo de las tierras bajas -en particular el uso del agua, la generación de energía, minerales y prevención de desastres”. Antes, en la Conferencia de Río de 1992, ya se había relevado la importancia de las montañas: la Agenda 21 señala la urgencia de acciones tendientes a conseguir la sostenibilidad del desarrollo en las montañas.
El Año de las Montañas, que viene a implementar lo pautado en torno a montañas en la Agenda 21 y a impulsar el desarrollo sostenible y la conservación en las agrupaciones de base en las montañas, se celebrará con conferencias y reuniones en todo el mundo (ver cuadro). En Costa Rica se formó una comisión que ha planificado una reunión de expertos a nivel mesoamericano y, a nivel nacional, una ceremonia de celebración en un poblado cerca del Parque Nacional Tapantí -Cerro de la Muerte-, el 22 de agosto -Día Nacional de los Parques Nacionales. La reunión mesoamericana dará énfasis a la importancia del agua en las cuencas hidrográficas de las montañas y al pago de servicios ambientales en ellas, y será auspiciada por Global Water Partnership, UICN, la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo, Fao, Ministerio del Ambiente y otros.
Las montañas son reservorios de una alta biodiversidad que se ha llegado a especializar a través de largos períodos de tiempo, dado su aislamiento. Ellas pueden conservar especies ya destruidas en zonas bajas (por ejemplo: en la Sierra de Manantlán -México- aún crece la variedad primitiva más antigua conocida de maíz; en los Andes se encuentran centenas de variedades de papa nativa; en las montañas de Nepal existen varios miles de variedades de arroz de altura). Las plantas y animales de las montañas sobreviven en las condiciones ambientales de su medio por poseer las condiciones adaptativas que les permiten su desarrollo y reproducción. Precisamente esta adaptación a características específicas de micrositio conforma una de las teorías que explica parcialmente el endemismo encontrado en las montañas, a través del proceso de especiación (Chaverri, A. 1998. "Las montañas, la diversidad biológica y su conservación", en Unasylva (49)195).
Asimismo, las montañas son importantes guardianes de varios recursos esenciales para las poblaciones humanas: agua, madera, fauna, suelos, productos no-maderables de los bosques, y reciben, filtran, almacenan y distribuyen el agua de lluvia. La mitad de los habitantes del planeta utilizan agua que proviene de zonas montañosas. Por su lado, los bosques nubosos en las montañas funcionan como condensadores de agua y pueden agregar entre 7 y 160% (Stadtmüller, T. 1987. Los bosques nublados en el trópico húmedo. Catie. Costa Rica) de agua adicional. Las montañas son frágiles, y debido a sus bajas temperaturas los procesos ecológicos son más lentos, lo que quiere decir que una alteración ambiental reversible tardará más tiempo en recuperarse. Las montañas a menudo presentan terrenos poco estables, en especial si se han deforestado. La erosión y los deslizamientos implican riesgos inminentes en laderas empinadas sin cobertura boscosa. El calentamiento global trae consigo otras complicaciones -como el descongelamiento de glaciares más rápido que lo normal.
Las poblaciones montañesas a menudo son las mejores conocedoras de la biodiversidad de las montañas, de las complejas relaciones entre sus componentes y de los usos tradicionales de las especies. Esas poblaciones crecen, según Fao, un 1% anual, poniendo en riesgo la capacidad de muchas regiones. Entre 1950 y 1990 el número de ciudades en montañas que sobrepasan el millón de habitantes aumentó de 78 a 290, lo que constituye un enorme aumento de presión sobre los servicios de agua y electricidad. Por eso, en algunas ciudades se ha recurrido a la construcción de grandes represas hidroeléctricas e inclusive a la desviación de ríos. De acuerdo a esa misma fuente, unos 770 millones de personas (12%) de la población mundial viven en regiones montañosas. En América Latina unos 10 millones de pequeños agricultores, en su mayor parte en comunidades marginadas, dependen para su supervivencia de los ecosistemas agrícolas en las zonas montañosas. Casi el 50% de estos ecosistemas presenta muestras de serio deterioro ambiental debido a la deforestación, el sobreuso del suelo y las prácticas agrícolas inapropiadas. Más del 60% de las zonas de montaña en América Central sufren una severa erosión hídrica causada por la agricultura.
La celebración de años internacionales sobre diversos recursos naturales persigue la concienciación sobre su importancia y el intercambio y aumento del conocimiento sobre él. Ojalá el Año Internacional de las Montañas vaya más allá y conduzca a una palpable mejoría de la calidad de vida de las comunidades montañesas, que casi siempre son rurales y muchas veces marginadas. A éstas suele imponérseles necesarias pero especialmente estrictas reglamentaciones para el uso de los recursos de la región, pero escasamente se les compensa por eso. De ahí la necesidad de un mejor sistema de pago de servicios ambientales -del agua, de la biodiversidad, de la belleza escénica…-, que debieran costearlo los usuarios.

Adelaida Chaverri es profesora e investigadora en la Universidad Nacional.