Del
ambientalismo individualista al ambientalismo altruista
Las frases no en mi patio trasero (not
in my backyard) y uso
del suelo localmente inaceptable (locally
unnacceptable land use) constituyen dos conceptos muy usados y muy útiles
en ecología política y en gestión ambiental, actualmente. Tales conceptos se
abrevian así: nimby (que es el acrónimo
de not in my backyard) y lulu
(que es el acrónimo de uso del suelo
localmente inaceptable).
El nimby tiene una larga
historia, disparada por grupos vecinales que se organizan y ejercen presiones
ante diferentes problemas socioambientales en sus localidades, desencadenando
frecuentemente ruidosos conflictos ciudadanos y arrastrando a las instancias
estatales que supuestamente debieran velar por el interés colectivo. En los últimos
años, a medida que crece la preocupación ambiental, se hacen más comunes los
comportamientos nimby. Por un lado, es
un hecho muy positivo que los ciudadanos se organicen y reaccionen contra la
contaminación en un barrio: es la expresión de mujeres y hombres que aspiran
activamente a una alta calidad de vida. Nunca falta la crítica a esas
reacciones, sea a sus representantes ciudadanos o a sus organizaciones, temiéndose
que amparen desmanes o impidan el progreso económico. Pero en realidad los nimbys
no están contra los avances económicos, sino que buscan defender la calidad de
vida.
Pero si damos un paso más en el análisis vemos que con el nimby
hay un problema: en muchos casos los vecinos se conforman con que se retire de
su barrio o localidad el emprendimiento empresarial cuestionado y, una vez que
es trasladado a otro sitio, la preocupación y la efervescencia social se
desvanecen. En el comportamiento nimby,
pues, hay un límite, ya que su perspectiva es eminentemente individual: no
quieren basura en su vecindad. Existen
empresarios y autoridades gubernamentales que perciben ese hecho y, entonces, lo
que hacen es trasladar el emprendimiento cuestionado a otro sitio. En
consecuencia, los emprendimientos negativos terminan ubicados en sitios
apartados y deshabitados o en los barrios más pobres, donde las propias
condiciones de marginalidad y empobrecimiento no desencadenan un debate sobre la
calidad ambiental o, cuando eso sucede, las organizaciones locales no alcanzan
el poder político para defenderse. Fuera del control social, la contaminación
prolifera en lugares apartados, sufriéndola otras personas -hoy o pronto.
Siempre hay quienes se dan cuenta de este hecho y dan un paso más allá
de la mirada nimby extendiendo su
reflexión sobre la esencia de los problemas ambientales y sociales,
independientemente de si los sufren directamente o no. Son también quienes se
solidarizan con otros grupos que padecen esos impactos, por más que estén en
apartados rincones del país. Entienden que varios tipos de problemas, como por
ejemplo las basuras en el barrio, deben ser atacados, pero de la misma manera
debe considerare esas cuestiones en toda la ciudad y en el resto de la nación.
Es un paso que han dado muchos ambientalistas, que comenzaron como nimbys
y hoy despliegan sus actividades con una mirada mucho más amplia.
Estas experiencias dejan en claro que es indispensable un claro marco
normativo para determinar los usos inaceptables del suelo (lulu), estén donde estén ubicados, y de esa manera escapar a las
limitaciones de la actitud local del nimby.
Son necesarias las regulaciones incluso allí donde no exista nadie para
reaccionar ante los impactos ambientales. En usos tales como implantar una fábrica
contaminante, abrir un nuevo vertedero municipal para residuos sólidos o
construir un depósito de sustancias peligrosas, se requiere exigentes normas
sociales y ambientales y un efectivo mecanismo de monitoreo para asegurar su
cumplimiento. Pero existirán zonas -como áreas residenciales, agrícolas y
ganaderas- donde ni siquiera bajo un adecuado control será aceptable ubicar
actividades tan riesgosas como ésas, u otras.
Este tipo de análisis muestra que en vez de luchar contra los nimbys
habría que aprender de sus indicaciones, especialmente de sus denuncias sobre lulus, para construir desde allí mejores normas de regulación
ambiental. La calidad ambiental ya no es un tema de unos pocos excéntricos,
sino una necesidad para cualquier sociedad.
Eduardo Gudynas, Biólogo Uruguayo, autor de una extensa obra y
secretario ejecutivo del Centro Latinoamericano de Ecología Social (
www.ambiental.net.claes)