Democracia no es igual a justicia

El mito de la democracia ha conducido ha considerar como valores democráticos algunos que realmente no lo son. Se dice que "la democracia expresa aquellos valores y esfuerzos concretos que hacen de la  existencia humana una existencia cada vez más digna, libre y solidaria", pero conocemos muchas democracias que no conducen a eso y más bien lo niegan. Hannah Arendt [1974. Los orígenes del totalitarismo. Taurus] dice que "resulta completamente concebible, y se halla incluso dentro del terreno de las posibilidades políticas prácticas, que un buen día una Humanidad muy organizada y mecanizada llegue a la conclusión totalmente democrática -es decir, por una decisión mayoritaria- de que para la Humanidad en conjunto sería mejor proceder a la liquidación de algunas de sus partes" (pp. 377-378). Y cuando EU invadió Granada se insistió en que la mayoría de la población de aquel país la apoyó, concluyéndose que estaba democráticamente legitimada: Eso es la democracia de la cual habla Arendt.

Entonces, ¿cuáles son los valores de la democracia? La teoría de la democracia hoy dominante es la de Schumpeter, Huntington, Downs y Hayek. Democracia allí es un sistema de dominación que hoy ha sido impuesto como tal. Es un mercado de votos que respalda el mercado de bienes y servicios. Elegimos a aquéllos que nos dominan. La democracia como se nos presenta hoy tiene mucho parecido con el mercado, y ambos tienen valores, éticas, pero son éticas de procedimiento; por tanto, éticas funcionales, que excluyen violencia directa, robo y fraude. Democracia y mercado garantizan los derechos correspondientes a estas éticas, los cuales suelen llamarse derechos humanos y efectivamente corresponden a las declaraciones de los derechos humanos del siglo XVIII (la declaración de EU y la de la Revolución Francesa). Reclamar frente a los fraudes el valor de la democracia tiene sentido, como también tiene sentido impugnar los fraudes en el mercado en nombre de la ética del mercado. Pero eso tiene poco que ver con los valores de la humanización de las relaciones humanas, que corresponden a derechos humanos más allá de las garantías del funcionamiento tanto de la democracia como del mercado.

Efectivamente, la historia de la democracia, que va muy unida a la historia del estado de derecho, nos muestra algo muy diferente: que la democracia de por sí (como por una especie de automatismo) no asegura los derechos humanos. La historia de las democracias "modelo" es una historia de trabajo forzado por esclavitud, de prohibición de sindicatos, de discriminación de la mujer, de colonización del mundo (todavía conmemoramos la ejecución de sindicalistas que el 1º de mayo de 1886, en Chicago, llevó a cabo el estado de derecho de una democracia porque aquellos reivindicaron el derecho de asociación obrera). El derecho de voto se concedió a la mujer después de la Primera Guerra Mundial y en EU se lo hizo universal hace apenas 50 años, con la abolición de la separación de razas.

Fueron las luchas de emancipación de esclavos, obreros, mujeres y países colonizados las que cambiaron la democracia introduciéndole los derechos humanos por ellas impuestos, impuestos en luchas -a veces sangrientas- contra los poderes democráticos. ¿Estas luchas significan democratización? No creo. Son luchas por el control de autoridades democráticamente legitimadas. Los parlamentos no son el centro de estas luchas, sino que, más bien, generalmente han estado en contra del reconocimientos de derechos humanos básicos junto con sus gobiernos. El triunfo de esas luchas no fue primeramente parlamentario sino "callejero", realizado por esas organizaciones populares de resistencia a las que ahora se suele denominar sociedad civil. Los parlamentos se unieron al proceso, no lo lideraron. Que los parlamentos controlan este poder es otro mito; controlan el poder en el marco de leyes establecidas.

Tales luchas son, a la vez, por el control de los poderes surgidos en los mercados -es decir, del capital-, sin el control de los cuales no se puede controlar el poder político democrático. Pero eso tampoco lo hacen primariamente los parlamentos, que aseguran prioritariamente el poder del capital; sino que lo hace aquella sociedad civil que defiende las exigencias de una sociedad justa (solo parcialmente se puede actuar vía parlamento). También frente a los parlamentos hace falta un control del poder, que no se da por medio del voto. Eso incluye la necesidad del control sobre los poderes de comunicación que, apoyados en la "libertad de prensa", se están haciendo omnipotentes, constituyendo grandes aglomerados de capital que monopolizan la opinión pública. Frente a ellos hace falta asegurar la libertad de opinión, lo cual no lo hace automáticamente la libertad de prensa, sino que más bien la puede impedir.

Cuando estas luchas tienen éxito transforman la democracia, pero lo que se desarrolla no es la democracia sino el derecho de las gentes. Para que el poder -el democráticamente elegido- respete los derechos humanos hay que cambiar sus estructuras. Asegurar la democracia sigue siendo importante, porque la lucha por el control de los poderes -de los democráticamente elegidos- y por la introducción de los valores humanos y de una sociedad más justa presupone esta misma democracia. Sin embargo, esta lucha no se puede asegurar por "democratizaciones", sino solamente por la introducción de estos valores en las estructuras del poder democrático, lo que es una lucha por el poder. Por eso no conviene hablar de la búsqueda de una sociedad más justa con el término de "democratización".

Franz Hinkelammert

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