
Costa Rica es uno de los países con mayor diversidad de murciélagos por unidad de área del mundo. Reúne por lo menos 110 especies de quirópteros con hábitos alimentarios diversos y altamente especializados. Según la especie, su dieta puede incluir frutos, néctar, peces, pequeños vertebrados, otros murciélagos, insectos y sangre. Es indiscutible su papel fundamental como dispersores de semillas y polinizadores en la dinámica de nuestros bosques tropicales y algunos cultivos, así como en el control de poblaciones de algunas de sus presas. Varias especies han adaptado sus hábitos a las modificaciones del paisaje causadas por el desarrollo humano, e inclusive han colonizado entornos urbanos, de manera que los costarricenses conviven estrecha e involuntariamente con los murciélagos.
Por lo menos uno de cada diez hogares en el país comparte su vivienda con murciélagos. El 9,4% de 1.021 adultos costarricenses encuestados en 1999 por el Programa Regional en Manejo de Vida Silvestre de la Universidad Nacional reportó la presencia de murciélagos en su vivienda. Este porcentaje es conservador, en la medida en que los murciélagos pueden habitar la vivienda sin que sus moradores se hayan percatado. La incidencia de murciélagos en viviendas es tres veces mayor en entornos rurales (14,1%) que en urbanos (4,3%). Partiendo de un parque habitacional de 937.210 viviendas, según el censo del año 2000, el total nacional mínimo de viviendas con presencia confirmada de murciélagos es de 87.020. Edificaciones grandes, con amplios cielorrasos y áticos sin perturbaciones regulares son refugios ideales para los quirópteros. El 22% de los encuestados reportaron la presencia de murciélagos en una escuela o colegio del vecindario, y el 24,3% reportaron su presencia en una iglesia cercana. La incidencia de murciélagos en tales edificaciones es probablemente mayor, ya que su presencia puede pasar fácilmente inadvertida. Los murciélagos definitivamente han visto enriquecidas sus opciones de refugios en el transcurso de la expansión poblacional de Costa Rica.
Son pocas las especies que usualmente colonizan viviendas humanas, y todas ellas son inofensivas para las personas. Los techos con estrechas aperturas son refugios idóneos para los molósidos, especies insectívoras y hábiles trepadores que se arrastran por las hendijas y recovecos de los cielorrasos y paredes huecas. En áticos y espacios oscuros abiertos se encuentran generalmente algunas especies frugívoras y nectarívoras que se suspenden boca abajo libremente de sus patas. Algunos establos y bodegas abandonadas pueden albergar típicamente a los embalonúridos, insectívoros pequeños que reposan boca abajo sobre paredes y otras superficies verticales. Estos murciélagos no son típicos vectores de enfermedades que atenten contra nuestra salud. Los vampiros no se encuentran normalmente en viviendas humanas. La matanza o erradicación indiscriminada de estos animales de la casa es en la mayoría de los casos injustificada.
A pesar de sus características inofensivas y su desinterés por los víveres
y asuntos de los humanos, los murciélagos son generalmente percibidos
negativamente por la sociedad. En una prueba de selección con cuatro opciones a
lo largo de un diferencial semántico, los adultos costarricenses indicaron sus
percepciones sobre los murciélagos (Figura 1). Los porcentajes de valores
inclinados hacia el atributo negativo sugieren que la mayoría de los
costarricenses consideran a los murciélagos como plaga, sucios, feos,
portadores de enfermedades y aburridos. Prácticamente la mitad los considera
como peligrosos y la otra mitad como inofensivos. Una quinta parte de los
entrevistados les atribuye a los murciélagos poderes sobrenaturales. Las
mujeres tienen percepciones más negativas de los murciélagos que los hombres.
Aunque en algunos casos una gran colonia de murciélagos puede causar malos olores y manchas en el cielorraso, la presencia de quirópteros en casa no es generalmente percibida como problemática en Costa Rica. Poco más de la mitad de los hogares con murciélagos afirman que en general no se ven afectados por estos animales. No hubo diferencias significativas entre los que tienen y los que no tienen murciélagos en casa respecto de su clasificación como peligrosos-inofensivos, plaga-benéficos, sucios-limpios, feos-atractivos, portadores de enfermedades-en general sanos, aburridos-interesantes, con poderes o sin poderes sobrenaturales.
Las percepciones sobre los murciélagos están estrechamente ligadas al grado
de escolaridad de los encuestados (Figura 2). Los extremos negativos en el
diferencial semántico de varios atributos son resaltados principalmente por
personas de bajo nivel de escolaridad. Las supersticiones y temores infundados
parecen reducirse conforme se progresa en la educación. La tolerancia hacia los
murciélagos en viviendas humanas refleja conocimiento sobre su biología,
responsabilidad en atender las necesidades de otras especies y haber desafiado
con éxito la mitificación negativa de los quirópteros que aún prevalece en
la sociedad costarricense. Este ejercicio sugiere que la apuesta a la educación
en la gestión ambiental es promisoria. Además es ilustrativo de procesos
similares que gobiernan la percepción de que el monte es hostil, el afán por
la esterilidad biológica en los entornos urbanos y la dicotomía simplista
entre organismos buenos y malos. La disposición a compartir el espacio vital
con elementos de la biodiversidad nacional sin recurrir a su cautiverio
controlado en el hogar es un paso firme hacia una relación armoniosa con la
naturaleza.
El autor, especialista en manejo de fauna silvestre, es profesor e investigador en la Universidad Nacional [cdrews@una.ac.cr].