El crecimiento urbano en la ciudad de Heredia, así como el aumento de la flota vehicular y los problemas ambientales que ésta genera, no deben analizarse aisladamente, sino insertándolos en el contexto del crecimiento de la Gran Área Metropolitana (Gam) de Costa Rica, a la cual aquella ciudad pertenece. En un estudio del Banco Mundial sobre el reordenamiento vial en el centro de San José (de 1996) se estima que entre 1975 y 1995 la flota vehicular creció casi cinco veces y la de taxis entre ocho y diez veces.

Heredia es sede creciente de industrias, empresas de servicios y áreas residenciales, lo que aumenta el flujo de personas y la demanda de servicios de transporte, los cuales crecen a un ritmo cercano al 18% anual. Pero la infraestructura vial, con excepción de algunos ensanches, algunas mejoras en la capa asfáltica y la construcción de una nueva salida de la cuidad, no ha cambiado desde su construcción hace más de doscientos años, cuando los diseños viales se hicieron en función de sacar la cosecha de café e introducir las manufacturas que se importaban. En consecuencia, hoy día la creciente expansión del tráfico ha provocado gran caos vial y un impacto ambiental negativo, con pérdidas millonarias en energía, altos costos del transporte en tiempos de viaje y afectación de la salud de sus habitantes. La velocidad media de desplazamiento cada vez baja más y, asimismo, aumenta el ruido y la presencia de partículas en suspensión y de gases como el monóxido de carbono: la correlación entre el número de vehículos circulantes y el nivel de contaminación es muy alta.

La falta de presupuesto, principalmente, hace que sea muy difícil la ampliación de vías existentes y la construcción de nuevas -siendo ésta, por lo demás, una tendencia que en el mediano y largo plazo resulta siempre insostenible. Es necesario sacarle el máximo aprovechamiento a la infraestructura vial existente optimizando el transporte a través del empleo de modelos de simulación que determinen el grado de saturación de las vías, para luego proponer un reordenamiento vial que defina la reubicación de terminales, paradas y rutas de autobuses, de permisos para la construcción de nuevos parqueos y redefina el señalamiento vial: tanto horizontal (zonas amarillas que prohiben parquearse a ambos lados de la calzada o a uno solo, señalamiento con pintura blanca sobre la dirección de las vías y el cambio de dirección del flujo vehicular en algunas calles y avenidas) como vertical (semáforos, altos, áreas de parqueo con boletas, prohibición de virajes a la derecha o a la izquierda, prohibición de la circulación de vehículos pesados en el centro histórico de Heredia, etcétera). Pero, además, debe haber un cambio de estrategia. Hay que incentivar el uso del transporte público y la introducción de nuevas modalidades de transporte: trenes interurbanos -aprovechando los derechos de vía que existen entre Heredia y Cartago vía San José, y entre Heredia y Alajuela. De éstos sólo se debería mejorar el diseño de la ruta, los ángulos de giro y la construcción de puentes elevados para que la vía fuera segregada y funcional. Esa modalidad podría ser complementada con líneas de tranvías y la introducción de buses eléctricos que bajarían los niveles de contaminación ambiental.  

El transporte es la principal fuente contaminante de la ciudad de Heredia. Los altos niveles de CO y material particulado [según una investigación dirigida por el primer autor de este artículo] coinciden con las paradas de buses, y en la mayoría de los casos sobrepasan los límites permisibles según las normas internacionales. Los mayores niveles de contaminación por CO en el día ocurren en las horas pico de la mañana, cuando hay mayor flujo vehicular, y los niveles más altos de ruido coinciden con los grandes corredores de las rutas de buses.

Los autores, geógrafos, son investigadores de la Escuela de Ciencias Geográficas de la Universidad Nacional.

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