Hay propiedades privadas que nadie cuestiona:
los cepillos de dientes, por ejemplo. O las agendas, o los zapatos. Asimismo, es
importante que haya bienes y servicios públicos que contribuyan
significativamente a reducir muchas de las presiones que pesan sobre los
ecosistemas naturales. Muchos servicios públicos resultan más baratos y
eficientes, y además se requieren para formar comunidades más unidas.
Desde la óptica del costo ambiental debido al
consumo de materias primas y recursos naturales, he aquí algunos ejemplos de
servicios públicos que resultan más ecológicos
y económicos: (1) un centro de
herramientas por barrio, en vez de un juego exclusivo de herramientas por casa;
(2) una red nacional de bibliotecas públicas bien equipadas, en lugar de
innumerables bibliotecas privadas; (3) miles de periódicos comunitarios, en vez
de cientos de miles de periódicos de uso personal y familiar, (4) suficientes
centros de lavado de buses y taxis, en lugar de excesivos centros de lavado de
autos particulares.
Lamentablemente, vivimos en un sistema económico
que se sustenta en el crecimiento ilimitado de la producción (lo cual es
antinatural) y que demanda que las personas consumamos y tengamos cada vez más
pertenencias. Ya en la escuela nos inculcan que el éxito se alcanza sólo a
través del esfuerzo individual; luchamos por las calificaciones, y nos
califican por competir y no por compartir. El trabajo en equipo se considera
como algo secundario, en el mejor de los casos. El desarrollo individual y el
desarrollo grupal y social son interdependientes e indispensables para un
desarrollo humano integral, pero en el mundo capitalista la austeridad y la
solidaridad sólo se oyen en misa, o en ciertos círculos
"alternativos".
Una de las máximas posesiones a que aspiran los
seres humanos modernos es el auto particular, venerado símbolo del capitalismo:
cuesta caro, se deprecia en poco tiempo, malgasta energía, acapara espacio,
despilfarra recursos naturales, genera basura, contamina el aire, hace ruido,
consume tiempo.
Es posible que usted sea una de esas personas
que recurren al transporte público porque no les queda otra opción. O puede
ser que usted tenga un carro pero preferiría utilizar el transporte público si
los servicios fuesen de óptima calidad. De una cosa estamos seguros: el
transporte público en nuestra Área Metropolitana definitivamente no es el
mejor del mundo, pero también es cierto que las presas, la contaminación, la
mala calidad de los buses, el mal diseño de las rutas y la mala ubicación de
las terminales no se resuelven comprándose un auto. La solución está en
mejorar e impulsar el transporte colectivo y alternativo.
El Área Metropolitana reúne condiciones
privilegiadas para el establecimiento de un modelo de transporte público a
nivel mundial: distancias cortas, clima benigno, topografía moderada. De hecho,
en la actualidad la gran mayoría de personas nos movilizamos en vehículos públicos,
a pie o en bicicleta. Para confirmarlo, basta echarle un vistazo al centro de
San José entre 6 y 7 de la mañana y entre 4 y 5 de la tarde.
Si las decisiones políticas fuesen democráticas
(en función de la mayoría) se debería legislar a favor del transporte público
y en contra de los autos particulares. Sin embargo, cada año hay 50.000 autos más
y aumentos de los accidentes, los embotellamientos, la contaminación y el
derroche de hidrocarburos… Pareciera que las decisiones en este país no se
toman con sentido democrático, sino con fines electorales.
A propósito de propiedades privadas y públicas,
la bicicleta representa un caso interesante: al igual que el cepillo de dientes
y los zapatos, la bicicleta funciona mejor como propiedad privada. Sin embargo,
en cuanto a su relación con el entorno, supera con creces las cualidades de los
transportes públicos. La bicicleta es, sin duda, el medio de transporte más
eficiente para distancias menores a 5 kilómetros y, sin embargo, es la gran
ausente de los programas de planificación vial y urbana para el Área
Metropolitana.
Al rescate de la bicicleta
La bicicleta es mi principal medio de transporte
desde 1984, y también la utilizo ocasionalmente para trabajar como mensajero.
Sin embargo, no se la recomiendo a nadie. Movilizarse en bicicleta en el Área
Metropolitana se ha convertido en un acto temerario. Nuestra capital se disputa
el primer lugar con las ciudades más contaminadas de América Latina y nuestro
sistema de tránsito es cada día más inseguro y hostil contra peatones y
ciclistas. San José está al borde del colapso debido a la incontrolada
proliferación de autos particulares (nuevos y usados) que conlleva una
creciente espiral de problemas relacionados con la seguridad vial, el espacio
urbano, el consumo de hidrocarburos y energía, y la contaminación del aire y sónica.
Las políticas de planificación urbana seguirán cayendo en el fracaso toda vez
que el centro de las decisiones sea el vehículo más antisocial, antieconómico
y antiecológico que hay: el auto particular. Como ecologista, creo en la
urgencia de mejorar los servicios de transporte público, así como de
desarrollar condiciones apropiadas y espacios destinados exclusivamente para
peatones y ciclistas.
La bicicleta es veloz, barata, silenciosa,
limpia y muy eficiente en cuanto al aprovechamiento del espacio. Además, ha
sido motivo de reivindicaciones históricas y avances tecnológicos. A finales
del siglo XIX, jugó un papel clave en el movimiento de liberación de las
mujeres en Estados Unidos. Las llantas de caucho y las carreteras asfaltadas que
hoy vemos como algo tan normal, se las debemos a las bicicletas.
A través de la experiencia, he observado que
los problemas más frecuentes relacionados con las bicicletas en San José
pueden clasificarse en tres grupos principales:
Problemas
debidos a los ciclistas: (1) Desconocimiento o
incumplimiento de las reglas de tránsito. (2) No uso de luces, reflectores o
chalecos de seguridad durante la noche. (3) Bicicletas en mal estado
(especialmente frenos y llantas). (4) Manejo temerario.
Problemas
debidos al estado de las vías: (1) Huecos y grietas
en el pavimento. (2) Buzones de alcantarillado sin tapa. (3) Rieles que
atraviesan las calles. (4) Caños muy profundos.
Problemas
debidos a otros vehículos: (1) Vehículos motorizados
que esquivan huecos u otros obstáculos.
(2) Vehículos motorizados que no atienden los
altos. (3) Vehículos motorizados que embisten a los ciclistas. (4) Puertas de
vehículos en alto que se abren de improviso.
Muchos de los problemas arriba enumerados se
resolverían si se aplicaran las siguientes medidas:
·
Realizar los ciclistas, sin esperar que la ley
se lo exija, el curso de seguridad vial.
·
Conocer y respetar las leyes de tránsito.
·
Usar rutas alternativas y evitar las vías más
transitadas.
·
Habilitar ciclovías y rutas especiales para
ciclistas y peatones.
·
Construir estacionamientos seguros para
bicicletas en centros de comercio, de estudio y de trabajo.
·
Establecer áreas y tarifas especiales para
bicicletas en los estacionamientos públicos.
·
Facilitar baños y casilleros para ciclistas en
centros de estudio y de trabajo.
·
Incentivar el uso de bicicletas en centros de
estudio y de trabajo.
·
Acondicionar arneses porta-bicicletas en los
buses interprovinciales, de uso gratuito.
Para concluir, vale la pena mencionar que últimamente
se ha difundido la idea de que la bicicleta afecta la salud sexual masculina, lo
cual es una generalización bastante injusta que equivale a decir que todas las
personas que juegan fútbol terminan operadas de los meniscos. La incidencia de
disfunciones sexuales y problemas de infertilidad podrá ser relativamente
significativa en ciclistas profesionales que pasan muchas horas al día en
bicicleta, o en quienes practican el ciclismo de aventura o mountain
bike y están expuestos a frecuentes impactos en los genitales, pero no
entre quienes se transportan en bicicleta -de lo contrario en China no habría
la cantidad de gente que hay.
El autor, especialista en ciencias forestales, es activista ecologista y voluntario de los comités de vigilancia de recursos naturales [juaneco@racsa.co.cr].