La producción agroecológica de café en Costa Rica empezó hace apenas una década por iniciativa de aislados productores que contaron con motivación y apoyo de organizaciones no gubernamentales y universidades. La incorporación de más productores a ese movimiento de agricultura ha ido creciendo, pero ha contado con muchas limitaciones, que tienen que ver con la fuerte tradición del manejo convencional de la producción, la evolución del mercado y los precios bajos que obligan a mayor especialización. Como nuevos elementos que han estimulado la agricultura sostenible se encuentran la estructura de producción presente en el café, la actitud crítica de un sector de consumidores en los países desarrollados y la misma expoliación que va haciendo el mercado de algunos productores marginales.

La tradición de producción cafetera se fortaleció en los años cincuenta y sesenta con conceptos de productividad y rentabilidad introducidos por programas de extensión y profundizados en las universidades. Los problemas ambientales aún no representaban un problema mayor y entonces la asistencia técnica y la transferencia tecnológica se basaron en la búsqueda de la eficiencia técnica y económica de los procesos productivos, sin ver la necesidad de una producción más integrada a las necesidades ambientales en términos de control de erosión y protección de biodiversidad y suelos.

El paso de un estado colosal a uno pequeño descentralizado ha llevado a cambios recientes en la institucionalidad del sector agropecuario; ahora se pone el énfasis en la descentralización, desburocratización y privatización de muchos de los servicios y actividades de apoyo a la producción cafetalera. Dado que son el Instituto del Café y Cicafé, instituciones en que hay representatividad del estado y de diferentes sectores tradicionales, quienes concentran hoy la investigación y la transferencia tecnológica, éstas conservan una misión que continúa siendo productivista, con pocos contenidos de sostenibilidad ambiental.

La visión agronómica del cultivo no acepta otra opción que la de introducir variedades altamente productivas dependientes de paquetes tecnológicos intensivos en agroquímicos. Si bien se ha realizado algunas investigaciones y aplicaciones de sistemas de producción distintos, esto no se ha efectuado con la suficiente amplitud como para establecer que han sido asumidos los nuevos conceptos de sostenibilidad, siendo la causa principal de ello que el mercado internacional sigue marcando normas de productividad y rentabilidad ligadas a precios bajos.

En los ochenta y parte de los noventa el tamaño de la cosecha mundial de café oscilaba permanentemente, dependiendo de fenómenos como heladas, sequías, huelgas y conflictos bélicos, afectando eso el balance entre oferta y demanda y también los precios. Pero a finales de los noventa apareció en la escena un nuevo suplidor, Vietnam, que incrementó sustancialmente la oferta del grano, pasando de 1,4 a 12 millones de sacos por año, además de lo cual Colombia y Brasil aumentaron su producción. Esto condujo a que en las últimas cuatro cosechas la producción mundial de café haya superado el consumo, lo que ha significado una crisis que afecta a todos los países productores, inclusive a los que tienen costos más bajos, constriñendo a ensayar nuevos estilos de producción con costos inferiores.

Desde inicios de los noventa los problemas de precios y producción se agudizaron afectando más fuertemente a los pequeños productores ubicados en zonas marginales de producción, a lo cual se suma que -según queja corriente entre productores- parte significativa de los ingresos por las ventas quedan en manos de las empresas comercializadoras de agroquímicos.

Gran parte de la producción cafetera costarricense es generada por pequeños productores: el 98,4% de los productores (77.439) entregan menos de 300 fanegas, representando esto el 66,2% de la cantidad de café entregado durante la cosecha 2000-2001. Tales pequeños productores continúan aplicando un paquete tecnológico tradicional que degrada suelos, aguas y ocasiona erosión genética, lacras éstas que se traducen en mayores costos de producción y menores ingresos. Esta situación entraña la posibilidad de que se dé una contratendencia en la producción que lleve a cambios en ella. Todo depende de la promoción y transferencia tecnológica.

La participación de las firmas beneficiadoras que intervienen en la industrialización y mercadeo del café está regulada por ley, y ellas se encuentran distribuidas por toda el área cafetalera nacional, brindando además servicios como abastecimiento de insumos, asistencia técnica y servicios de crédito. Para el control de desechos producidos en los beneficios existe un acuerdo entre éstos que establece el tratamiento de las aguas utilizadas en el proceso de beneficiado antes de que lleguen al afluente. El acuerdo contempla que la broza no puede ser depositada en ríos y debe ser tratada y utilizada como cobertura o abono. Estos conceptos de sostenibilidad están llegando y pueden generar una oportunidad ambiental en el mediano plazo.

El cambio hacia la sostenibilidad en la actividad cafetalera tiene bases en los años ochenta y está relacionado con las guerras internas de El Salvador y Guatemala y el levantamiento campesino de Chiapas. Estos hechos y, en general, la dificultad de lograr el desarrollo por parte de los países pobres, estimularon a muchos cooperantes internacionales a buscar opciones de mercado para productos de los pobres en Europa y Estados Unidos, lo cual coincidió con los cambios producidos en los hábitos alimentarios de algunos grupos sociales de los países desarrollados, los cuales han ido tomando mayor conciencia de aspectos sanitarios y se han vuelto más críticos en cuanto a fitosanidad, comercialización y origen de los productos.

En este marco, en los noventa las organizaciones no gubernamentales han jugado un papel muy importante promoviendo conceptos de agricultura ecológica, permacultura y otros. Conceptos que han encontrado eco en algunas organizaciones de productores que no tenían más opción que reorientar la producción y volver a estilos de producción más amigables con el ambiente. Estudios recientes revelan que el proceso de transición a estilos de producción amigables con el ambiente ha sido lento, duro, complejo y con poco apoyo para el cambio por parte del estado. Los resultados en 2002 son alentadores en Costa Rica: alrededor de 10 organizaciones de productores trabajan nuevos conceptos de producción, logrando una producción cercana a los 15.000 quintales y obteniendo precios entre $160 y $180 por quintal. Los estudios de mercado señalan que los precios podrían estabilizarse en $130 en esta década.

Por su parte, el estado ha logrado, conjuntamente con la sociedad civil, la formulación de decretos  y reglamentos para regular la producción orgánica, iniciativa que ha permitido que los mercados alternativos regulados por Ifoam, y en general de la Unión Europea, vean con mayores posibilidades los procesos de certificación y promoción de la agroecología en Costa Rica. Esto representa una oportunidad importante para el desarrollo de la actividad.


El autor, economista, es profesor e investigador en la Universidad Nacional.

 

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