
La tradición de producción cafetera se fortaleció en
los años cincuenta y sesenta con conceptos de productividad y rentabilidad
introducidos por programas de extensión y profundizados en las universidades.
Los problemas ambientales aún no representaban un problema mayor y entonces la
asistencia técnica y la transferencia tecnológica se basaron en la búsqueda
de la eficiencia técnica y económica de los procesos productivos, sin ver la
necesidad de una producción más integrada a las necesidades ambientales en términos
de control de erosión y protección de biodiversidad y suelos.
El paso de un estado colosal a uno pequeño
descentralizado ha llevado a cambios recientes en la institucionalidad del
sector agropecuario; ahora se pone el énfasis en la descentralización,
desburocratización y privatización de muchos de los servicios y actividades de
apoyo a la producción cafetalera. Dado que son el Instituto del Café y Cicafé,
instituciones en que hay representatividad del estado y de diferentes sectores
tradicionales, quienes concentran hoy la investigación y la transferencia
tecnológica, éstas conservan una misión que continúa siendo productivista,
con pocos contenidos de sostenibilidad ambiental.
La visión agronómica del cultivo no acepta otra opción que la de
introducir variedades altamente productivas dependientes de paquetes tecnológicos
intensivos en agroquímicos. Si bien se ha realizado algunas investigaciones y
aplicaciones de sistemas de producción distintos, esto no se ha efectuado con
la suficiente amplitud como para establecer que han sido asumidos los nuevos
conceptos de sostenibilidad, siendo la causa principal de ello que el mercado
internacional sigue marcando normas de productividad y rentabilidad ligadas a
precios bajos.
En los ochenta y parte de los noventa el tamaño de la
cosecha mundial de café oscilaba permanentemente, dependiendo de fenómenos
como heladas, sequías, huelgas y conflictos bélicos, afectando eso el balance
entre oferta y demanda y también los precios. Pero a finales de los noventa
apareció en la escena un nuevo suplidor, Vietnam, que incrementó
sustancialmente la oferta del grano, pasando de 1,4 a 12 millones de sacos por año,
además de lo cual Colombia y Brasil aumentaron su producción. Esto condujo a
que en las últimas
cuatro cosechas la producción mundial de café haya superado el consumo, lo que
ha significado una crisis que afecta a todos los países productores, inclusive
a los que tienen costos más bajos, constriñendo a ensayar nuevos estilos de
producción con costos inferiores.
Desde inicios de los noventa los problemas de precios y
producción se agudizaron afectando más fuertemente a los pequeños productores
ubicados en zonas marginales de producción, a lo cual se suma que -según queja
corriente entre productores- parte significativa de los ingresos por las ventas
quedan en manos de las empresas comercializadoras de agroquímicos.
Gran parte de la producción cafetera costarricense es
generada por pequeños productores: el 98,4% de los productores (77.439)
entregan menos de 300 fanegas, representando esto el 66,2% de la cantidad de café
entregado durante la cosecha 2000-2001. Tales pequeños productores continúan
aplicando un paquete tecnológico tradicional que degrada suelos, aguas y
ocasiona erosión genética, lacras éstas que se traducen en mayores costos de
producción y menores ingresos. Esta situación entraña la posibilidad de que
se dé una contratendencia en la producción que lleve a cambios en ella. Todo
depende de la promoción y transferencia tecnológica.
La participación de las firmas beneficiadoras que
intervienen en la industrialización y mercadeo del café está regulada por
ley, y ellas se encuentran distribuidas por toda el área cafetalera nacional,
brindando además servicios como abastecimiento de insumos, asistencia técnica
y servicios de crédito. Para el control de desechos producidos en los
beneficios existe un acuerdo entre éstos que establece el tratamiento de las
aguas utilizadas en el proceso de beneficiado antes de que lleguen al afluente.
El acuerdo contempla que la broza no puede ser depositada en ríos y debe ser
tratada y utilizada como cobertura o abono. Estos conceptos de sostenibilidad
están llegando y pueden generar una oportunidad ambiental en el mediano plazo.
El cambio hacia la sostenibilidad en la actividad cafetalera tiene bases
en los años ochenta y está relacionado con las guerras internas de El Salvador
y Guatemala y el levantamiento campesino de Chiapas. Estos hechos y, en general,
la dificultad de lograr el desarrollo por parte de los países pobres,
estimularon a muchos cooperantes internacionales a buscar opciones de mercado
para productos de los pobres en Europa y Estados Unidos, lo cual coincidió con
los cambios producidos en los hábitos alimentarios de algunos grupos sociales
de los países desarrollados, los cuales han ido tomando mayor conciencia de
aspectos sanitarios y se han vuelto más críticos en cuanto a fitosanidad,
comercialización y origen de los productos.
En este marco, en los noventa las organizaciones no gubernamentales han
jugado un papel muy importante promoviendo conceptos de agricultura ecológica,
permacultura y otros. Conceptos que han encontrado eco en algunas organizaciones
de productores que no tenían más opción que reorientar la producción y
volver a estilos de producción más amigables con el ambiente. Estudios
recientes revelan que el proceso de transición a estilos de producción
amigables con el ambiente ha sido lento, duro, complejo y con poco apoyo para el
cambio por parte del estado. Los resultados en 2002 son alentadores en Costa
Rica: alrededor de 10 organizaciones de productores trabajan nuevos conceptos de
producción, logrando una producción cercana a los 15.000 quintales y
obteniendo precios entre $160 y $180 por quintal. Los estudios de mercado señalan
que los precios podrían estabilizarse en $130 en esta década.
Por su parte, el estado ha logrado, conjuntamente con la sociedad civil, la formulación de decretos y reglamentos para regular la producción orgánica, iniciativa que ha permitido que los mercados alternativos regulados por Ifoam, y en general de la Unión Europea, vean con mayores posibilidades los procesos de certificación y promoción de la agroecología en Costa Rica. Esto representa una oportunidad importante para el desarrollo de la actividad.
El autor, economista, es profesor e investigador en la Universidad Nacional.