Para el sector cafetalero costarricense el siglo XXI se ha iniciado con precios bajos, sobreoferta y aumento de competencia. La globalización en la economía mundial y el acceso a nuevos mercados exige la mejora del desempeño empresarial en una serie de áreas clave que van más allá de la producción eficiente del producto. Las crecientes demandas de los clientes en ultramar por bienes de alta calidad, producidos de forma segura para que luego sean recibidos a tiempo, en cantidades correctas y con un precio competitivo, hacen que sea difícil adaptarse rápidamente a dichas demandas. Además, el sector café se encuentra confrontado, como nunca antes, con una amplia gama de estándares, solicitados cada vez con más frecuencia para entrar en mercados tanto regionales como internacionales. Estas tendencias han resultado en el abandono de plantaciones, la conversión de plantaciones a otros cultivos, y grandes deudas a nivel de cooperativas y empresas privadas que representan al sector. Sin embargo, han resultado también en la búsqueda de oportunidades de diferenciación del negocio para así mejorar la posición competitiva del sector en el mercado internacional.  

Desde el siglo XIX el sector cafetalero ha sido uno de los principales impulsores del desarrollo económico de Costa Rica y, aunque otros sectores han crecido en importancia durante las últimas décadas, el sector cafetalero siempre ha mantenido una importancia relativa en la economía. Alrededor de 106.000 ha del territorio se dedica a la producción de café, y las divisas generadas por la actividad en 1999 representaron cerca del 4,7% del total de las exportaciones costarricenses. En cuanto a mercados de exportación, los países de la Comunidad Europea y Estados Unidos son los principales consumidores del café costarricense con un 35% y un 40% de las exportaciones respectivamente.

En cuanto al sistema de producción agrícola, el nivel de tecnificación varía mucho entre Costa Rica y otras regiones cafetaleras de la región. Por el fuerte crecimiento de la demanda del producto durante los años sesenta y setenta, Costa Rica aumentó el rendimiento por hectárea con la siembra de más plantas, la corta de árboles de sombra y el aumento del uso de agroquímicos (fertilizantes y plaguicidas). Actualmente, Costa Rica se caracteriza por tener un 65% del área cafetalera manejada con sombra de baja densidad, y del porcentaje restante un 5% es con sombra intensa sin manejo y un 30% a plena exposición solar. Esta tecnificación del proceso productivo ha aumentado significativamente la productividad promedio del café por hectárea, que resulta ahora en un rendimiento de una plantación convencional de 35 quintales [1 quintal equivale a 46 k] de oro por hectárea (qq-oro/ ha), mientras que en Nicaragua es de 10 qq-oro/ha y en El Salvador de 20 qq-oro/ha.

Adicionalmente, el aumento en demanda del producto resultó en una concentración del procesamiento del café en beneficios. Los altos precios de venta que se pagaron por el café hicieron posible la importación de nuevo equipo y la ampliación de la capacidad del beneficiado, que ha resultado en la construcción de aproximadamente 95 beneficios, localizados en cinco zonas de producción de café diferentes. El total beneficiado por estas plantas es aproximadamente 150 millones de kilos de café “verde” (conocido como grano de oro o café de exportación).

El impacto ambiental de la producción y beneficiado del producto no fue tomado en cuenta en el momento de realizar la tecnificación. La disminución del número de árboles de sombra en las plantaciones ha afectado la capacidad de manutención de la fertilidad de los suelos con métodos naturales y de reducción drástica de la erosión. Además ha disminuido los ciclos de nutrientes y minerales y la fijación de nitrógeno y carbono atmosférico. La baja densidad de árboles de sombra ha aumentado la erosión de suelo y la necesidad de aplicar agroquímicos para fortalecer y proteger las plantas y la fruta contra enfermedades que normalmente no aparecerían si el suelo fuera más fértil por la diversidad de la vegetación. Adicionalmente, el beneficiado del café ha incurrido en costos ambientales excesivos debido a la contaminación de ecosistemas (ríos, zonas costaneras, áreas montañosas, suelos), desperdicio de agua fresca (máximo permitido de 21 litros de agua por kilogramo de fruta fresca), generación de grandes volúmenes de aguas residuales caracterizadas por una alta concentración de carga orgánica, desechos orgánicos (250 gramos de pulpa por kilogramo de café) y uso ineficiente de fuentes de energía (electricidad y leña).

Entre 1958 y 1991, las ventas internacionales de café fueron reguladas por convenios o tratados internacionales que eran definidos con base en los principios de “encontrar un equilibrio entre la oferta mundial y la demanda de café, asegurando precios justos tanto para el productor como para el consumidor”. Sin embargo, en los últimos cuatro acuerdos no se pudo obtener el equilibrio deseado. Al contrario, la producción fue mucho mayor que la demanda. A finales de los ochenta la regulación de la cuota de exportación fue abolida, lo que causó la caída más grande de los precios internacionales del café. Al existir una oferta tan considerable, los precios cayeron abruptamente y, entonces, los mercados se interesaron por una mejor calidad del producto y, teniendo en cuenta que la especie arábiga es reconocida mundialmente como una de las mejores, se dio un aumento relativo en el consumo de los arábigos lavados, producidos especialmente en Colombia y Centroamérica. Sin embargo, debido a que no fue posible llegar a un equilibrio entre la oferta y la demanda, el precio por kilogramo de café disminuyó a menos de 200 centavos de dólar por kilo.

Al suspenderse el Convenio Internacional del Café y el sistema de cuotas, se dio un vertiginoso crecimiento de los mercados alternativos. Los cafés no tradicionales empezaron a ganar terreno, especialmente en EU y Europa, donde se estima que en los últimos tres años el mercado de estos productos ha crecido 300%. Ese dinamismo se puede explicar por varias razones, entre las que destacan: (1) la segmentación de los mercados; (2) el cambio en los gustos y preferencias de los consumidores, que exigen cada vez más; (3) la publicidad más agresiva; (4) los nuevos sistemas de información accesible a todos, que han disminuido la brecha del conocimiento entre los productores y los consumidores; (5) la mayor demanda de productos calificados como ecológicos, y (6) las regulaciones más exigentes para las compañías encargadas de otorgar los “sellos verdes”, lo que garantiza una mejor calidad de los cafés “especiales”. A la vez, durante los últimos años, debido a la contaminación de productos agrícolas con químicos altamente riesgosos o tóxicos para el ser humano y a la aparición de enfermedades, como la de las vacas locas y la fiebre aftosa, los productos agropecuarios que ingresan a los mercados europeos enfrentan nuevas y numerosas restricciones.

Estas tendencias, junto con la creciente presión de las organizaciones preocupadas por la conservación de los recursos naturales, hicieron que el sector cafetalero cayera en cuenta de que era necesario cambiar su enfoque de producción. Resulta claro que por su enfoque productivo se había convertido en una actividad generadora de impacto altamente negativo sobre el ambiente. La producción de café ha conducido a erosión de suelos, a pérdida de biodiversidad, a uso no sostenible de madera como fuente de energía, a consumo ineficiente de energía en general y a contaminación del aire y de los cursos de agua. Además, existen altos riesgos de salud para los productores por el uso de químicos en las plantaciones y para los obreros por los ruidos, polvos y humos que se generan en los beneficios. Entonces, se ha comenzado a buscar soluciones que permitan un desarrollo sostenible de la actividad sin afectar negativamente la productividad ni la calidad final del grano, para así mejorar su desempeño ambiental y social, pero también su posición competitiva a nivel internacional.

La competitividad empresarial para el sector de café en el siglo XXI está basada en los principios de desarrollo sostenible y mejoramiento continuo, que a su vez se fundamentan en que la gerencia utiliza todos los recursos humanos y la información relevante para producir una corriente constante de mejoras de todos los aspectos de valoración para el cliente buscando, primordialmente, métodos de producción que generen una reducción en las cantidades de residuos, en los consumos de materias primas y sus costos y en la contaminación potencial. Un aspecto clave de este enfoque es su capacidad de aumentar continuamente la calidad de los productos y los servicios disminuyendo el desperdicio, de manera que se logren ahorros en los costos.

  Considerando las tendencias descritas anteriormente, el futuro competitivo y el potencial de desarrollo del sector de café en Costa Rica están ligados fuertemente al uso racional e inteligente de su ambiente natural a nivel de cadena, desde el productor hasta el consumidor. Al vincular el ambiente con la competitividad se puede afirmar que aumentará considerablemente la sostenibilidad en el uso de los recursos naturales. Para llegar a este resultado se considera necesario implementar estrategias de prevención de la contaminación, utilizando metodologías como la de producción más limpia, ecodiseño y gestión ambiental. 

Antes de los años noventa, una combinación de factores internos y externos -como la falta de información y sensibilización, de vigilancia o fiscalización de parte de las autoridades y como estímulos económicos y posibilidades de financiamiento- hicieron que la gestión ambiental no fuera considerada una opción atractiva para el sector de café costarricense. Sin embargo, esta actitud ha cambiado durante la última década y ha resultado en el uso de conceptos integrados de gestión ambiental, ecodiseño y producción más limpia para así revisar en forma exhaustiva los procesos con el objetivo de reducir los desechos o desperdicios (y por lo tanto los costos) y mantener, o más bien aumentar, la calidad de los productos y servicios. Durante los últimos cinco años, el Centro de Gestión Tecnológica (Cegesti) -entre otros- ha trabajado con empresas pequeñas y medianas de la cadena del café ubicada en Costa Rica en la aplicación de estas metodologías. Cada uno de los tres conceptos ha abierto oportunidades de mejoramiento de la eficiencia, de disminución de costos y de ventas nuevas en el mercado regional e internacional.

La metodología de la producción más limpia fue creada -entre otros- por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, habiendo sido Cegesti una de las primeras organizaciones que la introdujo en Centroamérica, adaptándola a la realidad centroamericana e implementándola en una amplia gama de empresas y sectores productivos: la industria alimentaria, la gráfica, la metalmecánica, la textil, la química, el sector agropecuario, etcétera. Además, ha capacitado un gran número de profesionales de centros de educación y de organizaciones sectoriales en los principios básicos de la metodología y es una de las organizaciones fundadoras del Centro Nacional de Producción más Limpia en Costa Rica. La producción más limpia busca primordialmente una reducción de residuos en el consumo de materia prima (y costos), en el tratamiento de éstos, en la reducción de la contaminación potencial, en la mejoría de las condiciones de trabajo y en la eficiencia del proceso.

La competitividad depende de un conjunto de factores que se interrelacionan entre sí: costos, calidad de productos y servicios, aseguramiento de la calidad, recurso humano, tecnología, capacidad de innovación y gestión ambiental. Para lograr estos factores es indispensable desarrollar un buen diseño de productos que, a su vez, está directamente relacionado con su impacto en el ambiente a lo largo de su ciclo de vida. Con base en este diseño se puede fomentar estrategias de prevención de la contaminación, utilizando la metodología de la producción más limpia. Tradicionalmente, el proceso productivo limita el diseño del producto final: en otras palabras -y por paradójico que parezca-, el producto final está definido por el diseño que tenga la planta procesadora. Un análisis de todas las etapas de la vida del producto, incluyendo su disposición final, viene a dar una solución a la situación anteriormente descrita. Esta metodología llamada ecodiseño, desarrollada por la Universidad Tecnológica de Delft (Holanda) y adaptada por Cegesti a la realidad centroamericana, brinda un enfoque diferente y da un valor agregado al concepto de la producción más limpia, ya que a través de ella se asegura que el producto final cumpla con requerimientos de durabilidad, de costo de producción y de impacto ambiental -entre otros-, tanto desde el punto de vista de la empresa como del consumidor. 

Las metodologías descritas son importantes herramientas para ser utilizadas en el sector de café costarricense porque por medio de ellas se lograría dar una solución a los problemas ambientales en forma global y cumplir con las necesidades del consumidor final. No obstante, es importante ordenar estos esfuerzos en un marco de gestión general que asegure que la empresa no ejecuta las mejoras de producción más limpia solo una vez, sino que continúa en el proceso de análisis y mejoramiento ambiental continuo. La razón de esto es que el sector de café se ve cada vez más enfrentado con la necesidad de demostrar conformidad con una gama creciente de normas internacionales y reglamentos técnicos. Las normas promueven el comercio y los negocios al permitir la transmisión de información de una forma coherente y la comparación de los productos y servicios, y, además, obligan a las empresas a mejorar en una forma continua. La conformidad con estas normas certifica que una empresa ha puesto en marcha un sistema documentado de gestión y puede demostrarlo mediante un control subsiguiente para que las empresas manejen planificada y sistemáticamente sus interacciones con el ambiente, con grupos relacionados y con el marco legal de sus países. La creación de un sistema de gestión (Iso 9.001 o Iso 14.001) resulta ser complementaria con la implementación de los conceptos de producción más limpia y ecodiseño, porque certifica la calidad de los productos, el proceso y el desempeño ambiental, estimula el proceso de la mejora continua y puede ofrecer mayor confianza a los compradores.  


La autora, especialista en administración empresarial, es consultora en el Centro de Gestión Tecnológica (Cegesti) [myrdanse@racsa.co.cr]

 

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