
Cuando los incendios forestales pasan por extensas áreas de
pluviselvas tropicales, generalmente muchos de los árboles no mueren y se caen,
sino que permanecen en pie. El fuego puede matar una gran cantidad de árboles,
pero los árboles muertos aún pueden proporcionar madera valiosa. Una vez
terminados los incendios, las empresas madereras a menudo presionan a los
gobiernos para que les permitan utilizar la madera de los bosques quemados, para
que no se pierda. Los gobiernos generalmente aceptan esas propuestas.
Una investigación reciente en los bosques de dipterocarp en Kalimantan
del Este, Indonesia, realizada por Mark van Nieuwstadt, de la Universidad de
Utrecht, y Douglas Sheil y Kuswata Kartawinata, del Centro Internacional de
Investigación Forestal, sugiere que los gobiernos deben pensar dos veces antes
de permitir la extracción de madera después de los incendios. Su documento,
"Las consecuencias ecológicas de la extracción en los bosques quemados de
Kalimantan del Este, Indonesia", publicado en Conservation Biology, muestra que los bosques son particularmente frágiles
después de los incendios y que el aprovechamiento de madera quemada puede
impedir su recuperación.
La recuperación de los bosques de dipterocarp después de incendios
forestales depende en gran medida de los rebrotes de las partes inferiores de
los árboles jóvenes, algunos de los cuales resultaron parcialmente quemados.
Estos retoños son particularmente importantes porque los incendios eliminan una
gran parte de las semillas de árboles que se encuentran cerca del suelo y
reducen el número de árboles que producen semillas. Como resultado, en el
mediano plazo la evolución de los bosques en este contexto depende más de los
retoños que de las semillas.
La maquinaria pesada que se usa para las talas puede dañar los retoños
y reducir mucho su supervivencia. Esto permite que los helechos, las hierbas y
las semillas de las especies pioneras de árbol se desarrollen y compitan con
otras especies por los recursos del suelo. En algunos casos esta mezcla
combustible de vegetación fácilmente se vuelve a quemar de nuevo y eso puede
conducir a la conversión paulatina de bosques en praderas.
Para evitar que eso suceda, los autores recomiendan que los gobiernos no
permitan la utilización de maquinaria pesada para la tala de estas áreas, si
desean mantener los bosques. Además, si los gobiernos permiten que los
madereros extraigan la madera de bosques quemados, esto podría incentivarlos
para que ellos mismos provoquen los incendios o para que estén menos
interesados en evitarlos. El documento no ofrece evidencia concreta de esto último
pero, definitivamente, no se debe descartar la posibilidad.
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