¿La actual lucha antiterrorista es en realidad una lucha del sistema en pos de qué? Hay tantas hipótesis como intereses están en juego: es por el petróleo de Asia Central, para cuyo control es esencial el dominio sobre Afganistán; es para ponerle un cerco a China a fin de amenazarlo por tierra en el futuro; es para contestar a los movimientos que son críticos ante la estrategia de acumulación de capital denominada globalización, que se hacen presentes en todo el mundo y que han llevado a manifestaciones populares con tal fuerza que pueden amenazar esta estrategia en el futuro...

Hay muchas razones para inquietarse, pero sería equivocado explicar la actual estrategia de poder de Estados Unidos por esas razones, como si fueran simplemente intereses particulares de los poderes del sistema. Hay mucho más en juego. El sistema nunca lucha por intereses particulares en un sentido pragmático, sino por el poder como un todo, y en el grado en que lo logra todos los intereses particulares presentes en el sistema se logran por añadidura. En nombre del todo del poder se divinizan los intereses, para poder perseguirlos como valores absolutos. Todorov hace un análisis de la conquista de México por Hernán Cortés que nos puede introducir en esta problemática: "En Cozumel, alguien le sugiere enviar hombres armados a buscar oro en el interior de las tierras. Y Cortés le dijo riendo que no venía él para tan pocas cosas, sino para servir a Dios y al rey. En cuanto se entera de la existencia del reino de Montezuma, decide que no se conformará con arrebatar riquezas, sino que someterá el propio reino … así es como le debemos, por una parte, el haber inventado la guerra de la conquista y, por la otra, el haber ideado una política de colonización en tiempos de paz [Todorov, Tzvetan. 1989. La conquista de América. El problema del otro. Siglo XXI. México: 107].

Por supuesto, Cortés quiere el oro, pero no como interés particular. Quiere todo, por tanto también el oro. No quiere riquezas para enriquecer a España y vivir después tranquilo como hidalgo. Quiere todo y se embarca en una conquista que jamás terminará. Es la conquista que se concretiza en riquezas, pero que las trasciende. Por eso no quiere "pocas cosas” sino servir "a Dios y al rey". Eso significa conquistar todo el reino y posteriormente todos los otros reinos que existen en la Tierra. No tiene intereses, sino que va en persecución del todo, lo que implica que cualquier interés que pueda surgir estará también servido. Aquí, según Todorov, empieza la Modernidad que nunca se orienta por intereses, sino por el todo, cuya persecución asegura, efectivamente, cualquier interés existente o por haber. Los intereses se transforman en algo metafísico. En nombre de los cuales su portador hasta puede sacrificarlo todo, inclusive su vida. Colón expresaba lo mismo cuando exhaltaba el oro como materia capaz de abrir hasta las puertas del paraíso. La última declaración de Santa Fe (Santa Fe IV) dice lo mismo en términos más escuetos: "Además, que los recursos naturales del hemisferio estén disponibles para responder a nuestras prioridades nacionales. Una «doctrina Monroe», si quieren". Por supuesto, no solamente los recursos naturales -que incluyen los "recursos humanos" (capital humano)- del hemisferio, sino del mundo entero también.

Hoy el sistema, cuyo centro es Estados Unidos, está de nuevo tras la conquista del todo, sirviendo así sus intereses. Igualmente tiene conciencia de que los intereses están mejor servidos si se accede al todo.

La estrategia de acumulación del capitalismo global ha logrado lo que hasta sus propios partidarios han llamado el "mercado total". Esta estrategia se ha impuesto al mundo entero, pero sigue habiendo resistencias, sigue habiendo intereses no completamente integrados, sigue habiendo tendencias para salir de esta jaula de acero. Frente a las inconsistencias del mercado total, ya antes de los atentados se hacía evidente que la continuación de esta política necesitaba como complemento un poder político mundial totalitario capaz de asegurar la eliminación de las "distorsiones del mercado". Se hace visible hoy que la reacción a los atentados de Nueva York hace surgir este proyecto en nombre de una lucha antiterrorista mundial y total, para someter a todos los rincones del mundo a la totalización del mercado. El terrorismo se concibe con la suficiente amplitud como para poder denunciar como terrorismo cualquier resistencia a esta estrategia. El lema de Bush es homólogo al lema central de todos los totalitarismos: “Quien no está con nosotros, está con los terroristas".

De lo que se trata fue ya expresado por Mike Davis: "Si hay un antecedente [respecto de la situación planteada a partir del atentado terrorista en Nueva York] en la historia de Estados Unidos, entonces no se trata del 7 de diciembre de 1941 -el asalto a Pearl Harbor- sino del 23 de septiembre de 1949. Este día el presidente Truman aclaró al público estadounidense que la Unión Soviética había probado con éxito una bomba atómica (…) el senador McCarthy y el director del FBI, J. Edgar Hoover, aprovecharon el miedo de la población para iniciar una caza sin tregua en contra del 'enemigo interior'. La izquierda, que anteriormente había tenido gran influencia, fue extirpada sin perdón. No fue tanto la ideología sino el miedo lo que estaba detrás del consenso autoritario nacional de los años cincuenta. ¿Estamos con George W. Bush en el camino hacia atrás al futuro? ¿Significará la guerra en contra del terrorismo el fin de la apertura hacia la inmigración, de la libertad en internet, de las protestas contra un capitalismo global, del derecho a una esfera privada y de todas las otras libertades burguesas esenciales … ?" [Davis, Mike: "Furcht vor der Fünften Kolonne. Zur zukunft der Angst: Mit dem neuen amerikanischen Patriotismus droht der Weg in die Kontrollgesellschaft", en Die Zeit, 20-10-01: 39]

Se trata, pues, de un nuevo macartismo que esta vez pretende ser mundial y que de ninguna manera se limita a Estados Unidos. Su arma de poder es la pretendida lucha antiterrorista, que en su nombre puede amenazar a cualquier movimiento de resistencia con la guerra total. Esta vez Estados Unidos aspira, como centro de poder del sistema, al poder absoluto que se puede basar en la amenaza de aniquilación de cualquier actividad de oposición al sistema.

No se trata de un choque de civilizaciones; no es cruzada anti-islámica (la tesis de Huntington sobre el choque de civilizaciones queda obsoleta) -la administración Bush es bien clara al respecto. Es confrontación total con el mundo, incluyendo por supuesto al mundo islámico. Se aspira al todo para dominar las partes. Cualquier país del mundo podría ser el objetivo, en tanto es distorsionante para el mercado total. Y se convertirá en objetivo en nombre del anti-terrorismo. Ya se hace notar:  mientras se ataca a Afganistán, se busca otros países para atacar. La guerra es total.

Lo amenazante es que la nueva alianza contra el terrorismo, tan amplia como la Onu, va a sustituir a ésta. Se trata de la disolución de la democracia a nivel mundial por un gobierno anti-terrorista mundial, cuyo centro es Estados Unidos. Un macartismo mundial, como poder encima de todos los poderes, ejercido por un gobierno representante de la estrategia de la globalización:   Estados Unidos como juez de una historia que es juicio final; Estados Unidos como juez del juicio final, del bien frente al mal. La lucha contra el terrorismo da la posibilidad de que un solo poder controle todos los poderes del mundo. Así, aparece el primer totalitarismo a nivel mundial, frente al cual no hay posibilidad de control desde otro poder, frente al cual no hay posibilidad de enfrentamiento por medio del poder. El imperio está por hacerse omnipotente, pero se le escapa el hecho de que quien más se acerca a la omnipotencia, más debilidades desarrollará.

El atentado en Nueva York ocurrió en el momento preciso en que ya se enfocaba la posibilidad de este nuevo totalitarismo político mundial. En los primeros días tras el atentado éste fue comparado con Pearl Harbor, lo cual es espantoso porque el ataque a Pearl Harbor fue por un lado un ataque japonés pero, por el otro, un auto-ataque del gobierno de Estados Unidos: éste tenía informaciones sobre un eventual ataque, mas decidió no enfrentarlo para que se produjese un desastre de tal magnitud que la opinión pública se viera obligada a asumir la guerra decididamente. Si el ataque a Nueva York tuviera eso en común con Pearl Harbor, trataríase de la decisión más miope en la historia de las decisiones políticas de Estados Unidos, tan rica en miopías absurdas frente a las consecuencias de sus acciones.

 

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