Siendo el objetivo de la bioprospección la búsqueda de usos de la biodiversidad con fines comerciales, cabe preguntarse qué beneficios ha generado y si es la biodiversidad verdaderamente una fuente de riqueza. Antes de ahondar en el tema, es importante indicar cómo las actividades del Instituto Nacional de Biodiversidad (Inbio) apuntan fundamentalmente a garantizar la conservación de la biodiversidad. El Inbio tiene como misión “promover una mayor conciencia sobre el valor de la biodiversidad, para lograr su conservación y mejorar la calidad de vida del ser humano”.

La identificación de nuevas especies para la ciencia, la más completa base de datos sobre biodiversidad costarricense disponible al público, el apoyo al Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), el impulso al sector ecoturístico del país, el desarrollo de infraestructura (Inbioparque) y productos (libros, juegos, material educativo, etcétera) para la transferencia de conocimiento (bioalfabetización) y el desarrollo de experiencias en la búsqueda de usos sostenibles de la biodiversidad, son sólo algunos de los aportes del Inbio al país.

El Inbio ha organizado cinco programas o procesos interrelacionados entre sí: inventario, bioprospección, conservación para el desarrollo, manejo de información y gestión social. Dado que el tema que ahora nos ocupa es la bioprospección, a continuación haré un breve análisis de su significado, origen, criterios en que se fundamenta, experiencias y beneficios obtenidos a lo largo de los últimos 10 años.

  Desde un punto de vista científico hemos definido la bioprospección como la búsqueda sistemática de compuestos químicos, biomoléculas, microorganismos, genes, etcétera, con potencial para ser utilizados en la generación de productos de interés para el hombre. Sin embargo, el ser humano viene haciendo bioprospección desde el momento mismo en que inició sus actividades de supervivencia. La búsqueda en la naturaleza de soluciones a los problemas o necesidades de alimentación, abrigo, salud y satisfacción han sido procesos de bioprospección a cuyo valor de uso encontrado se agrega, con el paso del tiempo, el valor comercial.

Desde 1990 y, más concretamente, a partir de la firma del convenio con la compañía farmacéutica Merck, el Inbio incursiona en la bioprospección con el objetivo de contribuir a la generación de conocimiento científico sobre usos sostenibles de la biodiversidad, como una forma de promover su valorización y conservación. Este proceso se inició a pesar de que no existía un marco de política y de legislación que le diera sustento, ni en el país ni en el ámbito internacional, apenas se empezaba a hablar de la necesidad de establecer un convenio internacional sobre acceso y uso de la biodiversidad. El Inbio fue pionero en el tema y quienes tuvieron la difícil tarea de conducir esa primera e histórica negociación, en apego a la justicia y la equidad, optaron por compartir -en partes iguales- los beneficios económicos que pudieran surgir con el estado y por asegurarse que los mismos se destinaran, en su totalidad, al conocimiento y a la conservación de la biodiversidad [Gámez, R. 1999. De biodiversidad, gentes y utopías: reflexiones en los 10 años del Inbio. Inbio. Costa Rica].

Desde entonces y hasta la fecha se ha partido del principio de que el Inbio actúa como socio en proyectos de investigación conjunta o colaborativa y no como proveedor o suplidor de materia prima. Es decir, a todo recurso biológico que se utiliza, Inbio agrega un valor de información y procesamiento, que es valorado y reconocido por el socio. Además se definieron una serie de requisitos, todavía vigentes, que incluyen el compromiso del socio de cubrir todos los costos de investigación en el país, de hacer un aporte equivalente al 10 % del presupuesto destinado a las áreas silvestres protegidas del estado, realizar una compensación monetaria, en forma de regalías, por los productos que lleguen al mercado, y, asimismo, contribuir en la transferencia de tecnología, la capacitación de científicos costarricenses y, en muchos casos, donar el equipo e infraestructura necesaria para el desarrollo de la investigación.

A la fecha, Inbio ha firmado cerca de 30 acuerdos con el sector privado y la academia, en los ámbitos nacional e internacional, dirigidos a la búsqueda de compuestos y metabolitos secundarios con aplicación potencial en la industria farmacéutica, agrícola y cosmetológica; también dirigidos al hallazgo de enzimas de aplicación industrial, de genes con actividad nematicida, y al desarrollo de protocolos, etcétera.

La bioprospección requiere una información de base, esencial para iniciar el proceso de negociación. Esta información la provee el inventario nacional de biodiversidad y, sistematizada en formatos adecuados, permite iniciar el proceso de negociación.

Dado que las expectativas de los socios se centran en el acceso a nuevas fuentes de diversidad biológica, con un suministro adecuado y oportuno de las muestras y la aplicación de procedimientos legales y derechos de propiedad intelectual correspondientes; es necesario primordialmente: (1) sistematizar y transformar el conocimiento de la biodiversidad con que se cuenta en valor de uso; (2) contar con un marco legal y de política que facilite el acceso y que garantice derechos de propiedad intelectual para los socios; (3) tener infraestructura y un equipo humano interdisciplinario calificado, tanto para la fase de negociación como para el desarrollo técnico y científico requerido.

En el Inbio ha sido posible hacer bioprospección gracias al conocimiento generado sobre la biodiversidad costarricense, pero sobre todo por el respaldo gubernamental a las iniciativas del instituto en este campo. El convenio marco suscrito entre el Inbio y el Ministerio del Ambiente (Minae), el marco legal y la estabilidad política y económica del país, han sido estratégicos para alcanzar los logros obtenidos.

El convenio con Merck estableció un precedente de trascendencia internacional. Uno de los principales y más valiosos aportes del Inbio es, precisamente, haber desarrollado la experiencia necesaria para implementar, sobre bases de conocimiento práctico, la legislación en esta materia. Merck brindó a Inbio la posibilidad de contar con una plataforma de conocimiento científico y de tecnología que ha permitido el establecimiento de nuevos y más ventajosos acuerdos. Desde el punto de vista monetario, el convenio con Merck aún no ha generado ingresos por regalías. En todo caso, las cláusulas referentes al pago de regalías o royalties se mantienen vigentes y se incluyen en cada renovación del acuerdo.

            La esperanza de lograr un producto comercializable es tan válida para Merck como para todos los acuerdos que se han establecido más recientemente. Tómese en cuenta que el tiempo de desarrollo de productos en el campo farmacéutico es de 15 a 17 años, de allí que muchas muestras se encuentran  en la fase de estudio, pues la colaboración con Merck se dio de 1991 a 1999.

De cualquier forma, dada la complejidad de los procesos que involucran el descubrimiento de nuevas moléculas o compuestos, es muy difícil obtener productos en el corto plazo y la probabilidad de obtenerlos es mínima (1:10.000) e incierta; sobre todo cuando no se parte de ninguna pista o conocimiento previo.

  Los beneficios de la bioprospección para el Inbio y el país son los siguientes:

· El 100 % de los presupuestos de investigación ha sido cubierto por los socios, generándose un capital promedio de trabajo de aproximadamente un millón de dólares al año. El equipamiento y parte importante de la infraestructura es resultado de estos acuerdos.

· Se ha desarrollado una valiosa experiencia en materia de negociaciones, que es ejemplo en el mundo y que ya se está transfiriendo a diferentes países de la región, interesados en iniciar actividades de bioprospección.

· Se ha generado información sobre el mercado y sobre usos inteligentes de los elementos de la biodiversidad.

· La experiencia desarrollada sobre acceso a la biodiversidad y distribución de beneficios ha    permitido apoyar activamente el establecimiento de la legislación costarricense en esta materia.

· El entrenamiento del recurso humano en tecnologías de punta desarrolladas por los diferentes socios ha generado una mayor capacidad nacional para agregar valor a los elementos de la biodiversidad.

· La tecnología transferida en diferentes campos de la prospección química y biotecnológica permite el establecimiento continuo de nuevos acuerdos y el uso de la misma en investigaciones propias y de apoyo al sector privado nacional.

· Se ha dado apoyo a la conservación de las áreas silvestres protegidas, mediante pagos directos al Minae por un monto que en 2000 ascendió a $512.148, producto del 10 % de los presupuestos de investigación.

· Se ha brindado respaldo económico a proyectos específicos en áreas de conservación, universidades y otros grupos por un monto total de $2.256.259 entre 1991 y 2000.

· Se ha iniciado el apoyo al sector privado nacional para el desarrollo de productos a partir del uso sostenible de la biodiversidad, con apoyo financiero del Bid/Fomin.

· Recursos económicos potenciales por el pago de regalías, las cuales serán compartidas en partes iguales con el Minae, con fines exclusivos de investigación y de conservación.

La bioprospección es una actividad muy joven en Costa Rica y en el resto del mundo, y a la fecha no ha sido una fuente de riqueza, pero sí un proceso continuo de aprendizaje y de aporte a la economía del conocimiento. Más que una actividad para generar recursos económicos, la bioprospección forma parte de una estrategia de conservación donde la generación de conocimiento sobre usos sostenibles de la biodiversidad se considera fundamental para crear conciencia sobre su valor y sobre la importancia de conservarla.


La autora es coordinadora general del Programa de Bioprospección del Instituto Nacional de Biodiversidad.

 

Página principal