Desde
sus orígenes en 1973, la formación de educadores ha
representado uno de los quehaceres prioritarios de la Universidad
Nacional, basta recordar que fueron las escuelas normales la base
de la Universidad para comprobar la importancia que este quehacer
ha tenido.
En un inicio los llamados Planes de Seguimiento adscritos a la Escuela
de Educación fueron la respuesta para que miles de maestros
aspirantes dispersos en las áreas más alejadas y de
difícil acceso de nuestro país pudieran obtener un título
y desempeñarse de una manera optima en su trabajo. Varios convenios
entre el Ministerio de Educación y la Universidad han dado
apoyo económico y administrativo para la formación de
educadores.
Más tarde el proyecto PER (Proyecto de Educación Rural),
tuvo como objetivos formar docentes que se desempeñaran en
las áreas rurales como maestros unidocentes. Se enfatizó
como ejes la contextualización de la educación en el
ambiente rural, el quehacer del maestro unidocente y la utilización
del entorno entre otros.
Se ha dado respuesta a las comunidades indígenas en la formación
de maestros con un plan curricular que responde a sus intereses y
necesidades de estas zonas.
Se establece un convenio con el Ministerio de Educación Pública
y el Banco Interamericano de Desarrollo para satisfacer una demanda
de faltantes de maestros entre los años 1985 a 1990.